Valderrobres, en la comarca turolense del Matarraña, cuenta con una planta de biogás que trata purines de las explotaciones ganaderas de la zona. Hemos hablado con su alcalde, Carlos Boné, para que explique en primera persona cómo se gestionaban antes los purines y cómo ha sido la experiencia del municipio desde que la instalación está en marcha.
Cuando se habla de plantas de biogás, la voz de los ayuntamientos que conviven con ellas aparece pocas veces. Por eso nos interesaba escuchar a Carlos Boné, que gobierna un municipio de tradición ganadera y conoce de cerca lo que supone gestionar los purines de la comarca.
Boné describe el punto de partida con sencillez. Los purines se gestionaban de la forma tradicional: cada ganadero tenía asignadas unas parcelas y los aplicaba allí. Cuando la cantidad superaba lo que la tierra podía admitir, el municipio lo notaba en forma de olores. En sus palabras, “esos vertidos, que en ocasiones podían sobrepasar los límites o lo que admite la tierra, pues acababa generando un mal olor”.
Desde que la planta funciona, los purines que llegan a ella dejan de aplicarse en el entorno del pueblo, y el alcalde lo resume así: “todos esos purines que van a esa planta han dejado de echarse en los límites del municipio y se han reducido los olores”. También habla de la buena convivencia con la instalación, tanto desde el ayuntamiento como desde su propia experiencia como vecino.
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Lo que le diría a otros alcaldes
Su consejo a los municipios que se plantean una instalación similar empieza por el diagnóstico: “en el momento que te estás planteando colocar una planta de este tipo es porque tienes realmente un problema de purines”. Para Boné, la decisión tiene sentido cuando responde a una necesidad real del territorio.
Además, señala a quienes más lo notan en el día a día. Una planta de este tipo, explica, “también les va a solucionar un problema probablemente a muchos ganaderos que tienen un problema para poder gestionar esos purines”.
Un balance positivo
Preguntado por cómo valora tener la planta en su municipio, Boné es claro: “estamos satisfechos porque hemos conseguido reducir toda esa cantidad de purines que antes iban al campo y que ahora se tratan en una planta como debe de ser”.
Compartimos su testimonio porque la experiencia de quienes conviven a diario con estas instalaciones es una de las mejores formas de entender lo que aportan a un territorio.