El 8 de abril, la sede de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) acogió la jornada “Cómo informar de gases renovables: el biometano como motor de la transición energética y la descarbonización”, organizada por Genia Bioenergy y APM. Ocho expertos —catedráticos, investigadores del CSIC, técnicos y un alcalde— abordaron durante dos horas y media las evidencias científicas, los retos sociales y las soluciones reales que rodean a una industria que Europa lleva décadas desarrollando y que España apenas empieza a construir.
La periodista ambiental María José Celada, presentadora del programa Hazte Eco en Atresmedia, condujo una jornada diseñada para responder con rigor y datos a las preguntas que más preocupan a ciudadanos, periodistas y territorios: ¿qué es realmente el biometano? ¿Huelen las plantas? ¿Qué pasa con el digestato? ¿Quién controla que todo se haga bien?
José Antonio García, responsable de relaciones con los medios de comunicación de Genia Bioenergy, abrió el acto con una muestra tangible de la circularidad del proceso: un tubo de compost producido a partir de purines de cerdo. “Ni mancha ni huele”, invitó a comprobar a los asistentes. “Es una de las cosas que vamos a explicar hoy.”
Raúl Muñoz · Catedrático de Tecnologías del Medio Ambiente, Universidad de Valladolid
Raúl Muñoz situó los fundamentos de esta tecnología: la digestión anaerobia es un proceso basado en la naturaleza que transforma materia orgánica —residuos ganaderos, agroalimentarios, urbanos— en biogás mediante microorganismos que trabajan en ausencia de oxígeno. “Lo único que hacemos los ingenieros es intensificarlo”, explicó.
El catedrático contextualizó la situación europea: a finales de 2024 había casi 20.000 plantas de biogás y 1.620 de biometano en Europa, con Dinamarca cubriendo ya el 35 % de su demanda de gas con producción renovable. España, con 31 plantas en explotación y 117 proyectos, está todavía muy lejos de esas cifras pese a que, según el informe de Sedigas de 2023, podría cubrir hasta el 43 % de su demanda con gas renovable producido a partir de residuos.
Sobre los impactos ambientales —olores y acuíferos—, Muñoz fue claro: “Se pueden generar si la tecnología no está bien diseñada o no está bien operada. A día de hoy, si las plantas están bien diseñadas, nadie en los alrededores tiene ninguna molestia”. Y recordó que la digestión anaerobia no crea un problema nuevo, sino que gestiona de forma profesional uno que ya existe: los residuos que hoy se acumulan en granjas, industrias y depuradoras.
Luis Alberto Sebastián · Director de Tecnología y Producción, Genia Bioenergy
Luis Alberto Sebastián desgranó el recorrido que debe superar cualquier proyecto antes de convertirse en realidad: la Autorización Ambiental Integrada (AAI), los permisos urbanísticos municipales y la conexión a la red gasista. Un proceso que lleva de media entre 4 y 5 años, y que convierte a España, en sus palabras, en “un país muy garantista que cumple la ley al pie de la letra”.
El mensaje central de su intervención fue la solidaridad como eje: los habitantes que acogen una planta hacen un favor a toda la sociedad; a cambio, merecen transparencia, información y participación. Los promotores deben comprometerse con las mejores técnicas disponibles y certificar su cumplimiento mediante organismos independientes (ISO 9001, ISO 14001, ISCC). Y la administración debe garantizar que las instalaciones cumplen la normativa.
“Si una planta huele, estamos perdiendo dinero”, explicó Sebastián. “Todo lo que se escapa es biometano que no estamos produciendo. Nuestro objetivo económico y el objetivo ambiental están alineados.” Fue también él quien propuso un cambio de nombre revelador: dejar de hablar de “plantas de biometano” para llamarlas centros de bioenergía circular, porque no solo producen gas renovable, sino que gestionan residuos, generan fertilizantes y cierran ciclos.
Xavier Flotats · Profesor emérito, Universitat Politècnica de Catalunya
En formato de entrevista con María José Celada, Xavier Flotats —que lleva desde 1979 trabajando con biogás y puso en marcha su primera planta piloto en 1980— abordó sin ambages la controversia entre científicos: “Lo vivo fatal, hablemos claro”.
Flotats distinguió con precisión entre sus compañeros de especialidad —los ingenieros químicos y ambientales que se han manchado las manos con purines y lodos— y aquellos científicos prestigiosos en otros campos que “pontifican sobre un tema que no forma parte ni de su experiencia ni de su especialidad”. Repasó estudios citados por los críticos y demostró que, al ir a las tablas de datos originales, las conclusiones no sostienen lo que se les atribuye: los accidentes documentados afectan a operarios de planta, no a vecinos y los estudios sobre compuestos orgánicos volátiles reconocen explícitamente que no existen estudios epidemiológicos específicos sobre plantas de biogás.
El profesor emérito aportó además un dato estructural decisivo: prácticamente todos los países europeos están reduciendo su densidad ganadera mientras aumentan la producción de biogás, lo que desmonta el argumento de que las plantas atraen más granjas. “Son dos mundos distintos. Todo depende de las políticas de cada país.”
Sobre el digestato, fue taxativo: una planta de biogás debe tener la gestión de nutrientes detallada “al milímetro” y, una vez implantada, debe mejorar todos los indicadores ambientales de su zona de influencia. En el digestato, afirmó, “los parásitos animales desaparecen con la digestión anaerobia, las semillas de malas hierbas se eliminan”. Sobre la posibilidad de contener metales pesados como el zinc, afirmó que llevan años reduciéndose en purines gracias a la normativa europea que ya prohibió su uso como aditivo en piensos y, por tanto en digestatos generados a partir de ellos.
Fernando González Fermoso · Investigador, Instituto de la Grasa — CSIC
Fernando González Fermoso recordó algo fundamental: el digestato no es purín. Es un producto estabilizado donde se conservan los nutrientes originales (nitrógeno, fósforo, potasio) pero con mejores propiedades para su uso agrícola: menor viscosidad, menor tamaño de partícula y mayor capacidad de infiltración en el suelo.
El investigador del CSIC presentó ejemplos reales, desde la planta de La Calahorra en Granada —inaugurada en diciembre de 2025, que composta su fracción sólida y usa la líquida para fertirrigación de los cultivos hortícolas de la zona— hasta proyectos internacionales en Jordania y Túnez. Y trajo una noticia relevante: la Unión Europea acaba de aprobar un proyecto EIC Pathfinder liderado por la Universidad Autónoma de Barcelona para avanzar en tecnologías emergentes de gestión del digestato, lo que demuestra que incluso los países líderes reconocen que hay margen para ir mucho más allá.
“Las plantas de biogás no son solo energía. El digestato tiene un gran potencial económico. La clave es saber hasta dónde queremos llegar”, concluyó.
Mesa redonda con Bernat Chulià (Genia Bioenergy), María Ángeles Martín Santos (U. de Córdoba), Carlos Boné (alcalde de Valderrobres), M.ª Ángeles de la Rubia (UAM)
La mesa redonda, moderada por María José Celada, cruzó la teoría con la práctica real.
Bernat Chulià, director de Estudios y Proyectos de Genia Bioenergy, insistió en que cada proyecto debe estar dimensionado para los residuos de su zona. Si los residuos vienen de lejos, las emisiones del transporte reducen el valor del certificado verde y el proyecto deja de ser viable. “Un proyecto que trae residuos de muy lejos no tiene sentido”, afirmó. También explicó que el valor real del biometano reside en su prueba de sostenibilidad (el certificado verde puede representar hasta el 70 % del precio), y que Genia Bioenergy proyecta replicar en varias ubicaciones el modelo de grupo de seguimiento ciudadano, como en Machacón (Salamanca).
Carlos Boné, alcalde de Valderrobres (Teruel) y senador, aportó el testimonio directo de un municipio de 2.600 habitantes donde la planta de biogás lleva dos años funcionando. “No hubo debate. Éramos conscientes de que teníamos un problema”, relató. La comarca se había declarado zona vulnerable de nitratos, los ganaderos no podían crecer y el turismo —150.000 visitas anuales— chocaba con los olores del campo. Ahora el fertirriego sale directamente de la planta, es gratuito para las fincas colindantes, la Confederación Hidrográfica del Ebro ha abierto la puerta a nuevas balsas de regulación para regadíos, losempresarios turísticos están satisfechos y la planta ha generado cinco empleos directos estables con previsión de ampliar. “Nadie lo ha visto nunca como un problema. Siempre como una solución.”
María Ángeles Martín Santos, catedrática de Ingeniería Química en la Universidad de Córdoba, desmontó los miedos sobre compuestos volátiles con datos de sus propias investigaciones: ni en residuos frescos, ni en compostados, ni en digestatos se han encontrado concentraciones que rebasen los límites establecidos como peligrosos. “Los digestatos están tan agotados que ni siquiera necesitan compostaje en muchos casos”, señaló, y recordó que en entornos urbanos hay concentraciones más altas de esos mismos compuestos que en una planta de biometano bien gestionada. “Todo es cuestión de concentración, no de presencia.”
M.ª Ángeles de la Rubia, profesora de Ingeniería Química en la UAM, subrayó la importancia de que el proyecto esté diseñado a la escala del territorio, y presentó la herramienta de ciencia ciudadana UNE 72-22-0, que convierte a vecinos del municipio en sensores de percepción de olor a través de una app. Una herramienta que Genia Bioenergy ya está planteando implantar en sus plantas para integrar a los ciudadanos en la mejora continua.
Bernat Chulià cerró la mesa con un apunte normativo esperanzador: el nuevo Real Decreto de Fertilizantes incluirá por primera vez la categoría “enmienda orgánica digestato sólido”, que permitirá registrar el producto sin necesidad de secarlo al 40 % de humedad (el límite sube al 70 %), algo que facilitará enormemente la valorización agrícola del digestato en España.
Tras dos horas y media de ponencias, entrevista y debate, la jornada dejó un mensaje nítido: el biometano es una tecnología madura, segura y verificable. España tiene el potencial, la ciencia, los residuos y la necesidad. Lo que falta es pedagogía y la voluntad de hacer las cosas como ya se hacen en el resto de Europa.
Los expertos coincidieron en que la clave no es solo producir gas renovable, sino cerrar el ciclo completo: gestionar residuos, recuperar nutrientes para la agricultura, reducir emisiones y generar empleo en zonas rurales. Exactamente lo que Genia Bioenergy define como Centros de Bioenergía Circular.
En este contexto, esta jornada que organizó Genia Bioenergy con la APM, forma parte de su compromiso con la transparencia y el territorio, y marca además el inicio de una campaña informativa centrada en explicar, de forma clara y verificable, cómo funcionan sus proyectos.
Un esfuerzo que parte de una idea clave que atravesó todo el encuentro: el biometano no se entiende como una instalación aislada, sino como un sistema completo. Y es justo lo que desarrolla Genia Bioenergy: Centros de Bioenergía Circular, infraestructuras diseñadas para gestionar residuos, generar energía renovable y devolver valor al territorio bajo criterios de control, trazabilidad y verificación.
Este modelo permite ordenar todo el proceso: desde la entrada de los recursos hasta su transformación y retorno, garantizando un funcionamiento riguroso, transparente y alineado con el entorno.
Sobre esta base, Genia Bioenergy articula cinco compromisos concretos —olores, tráfico, origen y tipología de residuos, agua y suelo, y salud— que responden directamente a las principales preocupaciones del territorio, con mecanismos claros de control y comprobación.
➡ Descubre qué es un Centro de Bioenergía Circular: https://geniabioenergy.com/centros-de-bioenergia-circular/
➡ Conoce nuestros cinco compromisos: https://geniabioenergy.com/compromisos-genia-bioenergy/
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