La medida más eficaz para que la agricultura emita menos gases de efecto invernadero sin reducir la producción: la metanización

Reducir las emisiones del sector agrícola sin tocar los objetivos de producción de alimentos. Ese era el punto de partida de un estudio encargado por el gobierno francés al INRA, hoy INRAE, el mayor organismo público de investigación agraria de Francia. Se analizaron diez posibles medidas. La que salió con mayor potencial de reducción de emisiones y un coste asumible para el agricultor fue la metanización.

Lo detalla Jean-Philippe Steyer, Director de Investigación del INRAE y uno de los mayores expertos europeos en digestión anaerobia, en esta entrevista registrada durante el IWA AD19, que este año reunió al sector en Valencia.

El estudio y su alcance

La agricultura genera cerca de una quinta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero de Francia. A principios de la década de 2010, ADEME (la Agencia de transición ecológica de Francia) y los Ministerios de Agricultura y Medio Ambiente encargaron al INRA una pregunta concreta: ¿qué medidas pueden reducir esas emisiones sin cambiar lo que se produce?

El estudio evaluó una decena de acciones, desde actuar sobre la gestión del nitrógeno hasta sobre la alimentación del ganado, pasando por la captura de carbono en suelo y la producción de energía a partir de biomasa. Para cada una, se cuantificó el potencial de reducción de emisiones y su coste económico real para las explotaciones. Steyer, que conoce el estudio desde dentro, explica que la metanización destacó como la medida con mayor eficacia combinada: alta reducción de emisiones y costes compatibles con la economía agraria.

El estudio está disponible en la web del INRAE.

Más allá de la energía: lo que el suelo recupera

La metanización produce biometano, pero también digestato. Y el digestato devuelve al campo nitrógeno y fósforo en forma aprovechable por los cultivos, reduciendo la dependencia de fertilizantes de síntesis derivados del petróleo. Los resultados que maneja el INRAE muestran que los digestatos tienen características y efectos similares a los fertilizantes convencionales o los purines. En algunos parámetros los superan: la digestión anaerobia ralentiza la liberación de carbono y nitrógeno, favoreciendo una fertilización más gradual. Los primeros estudios sobre el microbioma del suelo apuntan también a efectos positivos, aunque esta línea de investigación está todavía en fases tempranas.

El beneficio que menos se menciona

Steyer señala un ángulo que raramente aparece en el debate técnico: el impacto social de la metanización en el mundo rural. Diversificar los ingresos del agricultor, garantizarlos a medio y largo plazo, mantener actividad en el territorio. Para él, este beneficio supera en importancia estratégica al ambiental, no porque lo ambiental no importe, sino porque es lo menos comunicado y lo que más determina la viabilidad real de los proyectos a largo plazo.

La convivencia y el momento en que empieza

La experiencia acumulada en Francia, donde la metanización lleva décadas integrándose en la vida rural, ha dejado una lección clara: los proyectos que funcionan son los que incluyen a los vecinos desde el primer día, desde la elaboración del proyecto, no desde la puesta en marcha. Explicar beneficios e inconvenientes por igual, desde el principio, es lo que convierte una instalación en parte del paisaje.

Steyer ilustra la controversia con una imagen precisa: los trenes. Siempre se habla de los que llegan tarde. La mayoría llega a tiempo, pero son los retrasos los que aparecen en las noticias. Con la metanización pasa lo mismo: los proyectos que generan controversia acaparan la atención, pero en Francia el sector lleva décadas creciendo con normalidad.

La tendencia que asoma en los laboratorios

En el IWA AD19, Steyer identifica además una tendencia que está tomando forma en los laboratorios: la valorización del biogás, más allá del uso energético, como fuente de sustratos para producir moléculas con aplicaciones en química verde o biomateriales. La digestión anaerobia deja de ser el final del proceso para convertirse en su centro. Es la lógica de la biorrefinería: un mismo flujo de residuos genera energía, devuelve nutrientes al campo y abre la puerta a nuevos materiales.

Genia Bioenergy y los Centros de Bioenergía Circular

Es también la lógica sobre la que Genia Bioenergy construye sus Centros de Bioenergía Circular: infraestructuras diseñadas para transformar los residuos orgánicos de un territorio en biometano, en enmienda orgánica con valor agronómico y en retorno de valor para las comunidades en las que operan. Un modelo que no nace de espaldas al debate científico internacional, sino desde dentro de él.

Ese modelo se articula en cinco compromisos verificables: el origen y la tipología de los residuos que entran, la gestión de olores, la planificación del tráfico, la protección del agua, el suelo y el aire, y la seguridad en la operación. No son declaraciones: son criterios con protocolo, registro y evidencia.

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