La Cambra de Comerç de Tortosa reunió el pasado 2 de junio a empresarios, técnicos y representantes institucionales de las Terres de l’Ebre para conocer de primera mano el Centro de Bioenergía Circular que Genia Bioenergy proyecta junto al polígono Catalunya Sud, en Campredó (Tortosa). La sesión combinó la presentación técnica del proyecto con el testimonio de expertos y empresarios de territorios donde este tipo de instalaciones llevan años funcionando, con el objetivo de dar respuesta a las inquietudes y dudas existentes entre el tejido empresarial y social sobre su funcionamiento, procesos e impacto en el entorno.
En la bienvenida, el director gerente de la Cambra, Francesc Minguell, encuadró el encuentro en el trabajo que la institución viene desarrollando en torno a la transición energética y subrayó la voluntad de que el proyecto se conozca desde su origen: “El territorio tiene que estar informado de lo que se va a hacer. Tenemos que ir de abajo hacia arriba”, afirmó.
Miquel Rovira, director del área de Sostenibilidad del centro tecnológico EURECAT y secretario del Clúster de la Bioenergia de Catalunya, situó la digestión anaerobia dentro de una estrategia más amplia de bioeconomía circular, vinculada a la resiliencia climática, el aprovechamiento de recursos, el control de la contaminación y la soberanía energética. Recordó que el índice de circularidad global se sitúa en torno al 6,9 % y que tiende a descender, porque la economía crece más rápido que la capacidad de reaprovechar materiales. “Lo veo como una oportunidad enorme y, a la vez, como una urgencia”, resumió.
Víctor Enrique Vidal, presidente de la Associació d’Empresaris del Matarranya, aportó el testimonio de una comarca que opera desde hace años dos plantas de biogás alimentadas con purines de porcino. Explicó que estas instalaciones forman parte de la respuesta a un problema previo de gestión de purines, y que ya se aprecian resultados ambientales: subrayó que en la zona “se está notando ya una reducción en la concentración de nitratos”. Destacó, además, que las plantas se han integrado con normalidad, la única incidencia registrada en años de operación es la de una finca colindante con una de ellas, y que han tenido un efecto positivo sobre el empleo cualificado. “El purín, que no quería nadie, ahora da trabajo a un buen número de ingenieros y técnicos”. Vidal reivindicó, asimismo, la responsabilidad de cada territorio sobre sus propios residuos: “Sería poco ético enviar el purín a la comarca vecina”.
Oriol Martínez, project manager del proyecto, y César Casasnovas, delegado para Catalunya de Genia Bioenergy, detallaron las características de la instalación. El centro está diseñado para tratar 127.000 toneladas anuales de residuos orgánicos no peligrosos de origen local, principalmente deyecciones ganaderas, y producirá alrededor de 93 GWh anuales de biometano, que se inyectará en la red de distribución gasista, además de compost orgánico de uso agronómico. La inversión prevista ronda los 25 millones de euros y generará en torno a 30 empleos directos e indirectos, con prioridad para proveedores y mano de obra de la comarca. Si el proyecto avanza según lo previsto, la instalación podría entrar en funcionamiento en 2028.
En respuesta a las preguntas de los empresarios del entorno, Martínez precisó los datos de movilidad, 36 camiones diarios de entrada de residuos y 19 de salida de digestato, compatibles con la red viaria existente, y los compromisos de mejora de infraestructuras, como la ampliación de un tramo del Camí del Ranxero. Casasnovas señaló que “la instalación incorpora tecnología avanzada y se aplicarán las mejores técnicas disponibles para minimizar cualquier impacto sobre el entorno”.
Bernat Chuliá, Business Development Manager de Genia Bioenergy, presentó un caso de éxito ya en funcionamiento como referencia más cercana a la realidad de Campredó: una instalación promovida por la cooperativa ganadera COVAP junto a un complejo agroalimentario en la comarca de Los Pedroches (Córdoba), en cuya ingeniería ha trabajado Genia desde el primer estudio de viabilidad. La planta trata entre 125.000 y 140.000 toneladas anuales y se ubica al final de un polígono agroalimentario, una situación muy similar a la prevista en Tortosa. Chuliá subrayó que aquella instalación integra, además, una planta fotovoltaica y otra de biomasa, por lo que su circulación de camiones es incluso superior a la prevista para Campredó.
Apuntó también una diferencia relevante entre ambas: mientras la planta cordobesa trata lodos de depuradora junto a otros subproductos, el proyecto de Campredó se alimenta de subproductos animales y restos de matadero, con una parte de residuo vegetal, sin lodos. Sobre el resultado en el entorno fue concluyente: existen “soluciones técnicas, no solo sobre el papel, sino cosas en práctica que están dando resultados muy positivos”, tanto en lo operativo como en la relación con el ayuntamiento, los vecinos y el tejido industrial próximo, que tras unas dudas iniciales valoran hoy positivamente la instalación, en buena medida por la creación de empleo especializado en ingeniería de procesos y ambiental.
Cristina Pascual, responsable del área de Licencia Social de Genia Bioenergy, explicó el modelo de relación con el territorio que la compañía aplica desde las fases más tempranas de tramitación: escucha activa de la realidad local, transparencia y pedagogía con ayuntamientos y agentes del territorio, y construcción progresiva de una comunidad en torno al proyecto, con iniciativas de formación, educación ambiental y visitas guiadas a las instalaciones.
La Generalitat de Catalunya ha reconocido el proyecto de Campredó como proyecto empresarial estratégico en el ámbito del biogás. El biometano producido evitará la emisión de más de 8.000 toneladas anuales de CO₂ equivalente, contribuyendo a la descarbonización del sistema gasista y a reducir la dependencia del gas natural de origen fósil.
Información, transparencia y diálogo con el territorio
La jornada se planteó como un espacio para compartir información, resolver dudas y acercar conocimiento técnico a un debate que gana protagonismo en el territorio. A través de la experiencia de expertos, empresarios y responsables de proyectos similares ya en funcionamiento, el encuentro buscó aportar contexto y favorecer una conversación basada en datos, transparencia y conocimiento sobre el papel que puede desempeñar el biometano en la gestión de residuos orgánicos, la economía circular y la transición energética.
Esta sesión se enmarca en la voluntad de Genia Bioenergy de seguir acercando a la ciudadanía, al tejido empresarial y a las instituciones información rigurosa sobre sus proyectos, explicando de forma clara cómo funcionan estas instalaciones, qué controles ambientales incorporan y cuál es su impacto real sobre el entorno. Una labor de divulgación y escucha activa que la compañía desarrolla desde las fases iniciales de cada proyecto para favorecer una participación informada y una relación transparente con el territorio.
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